Desde que representé a Honduras en la Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas aprendí a disfrutar los problemas que otros prefieren evitar.
Estudié Ingeniería Eléctrica, pero nunca dejé de programar. Empecé a los 14 años por curiosidad y lo seguí haciendo durante años como pasatiempo, mientras me graduaba con honores y comenzaba a trabajar en telecomunicaciones.
En telecom lideré el reemplazo e integración de los nodos centrales de una red que no podía detenerse. Ahí aprendí lo que significa que un sistema sea crítico: cada cambio se planifica, se prueba y tiene un plan de reversa.
Después pasé a trabajar de forma remota para un proveedor internacional. Usaba la programación para resolver en minutos lo que tomaba horas, y eso me confirmó hacia dónde quería ir. Di el salto al desarrollo demostrando en pruebas técnicas lo que llevaba años practicando, y desde entonces construyo backend para productos que usan millones de personas.
Hoy combino esas dos escuelas, el rigor de los sistemas que no pueden fallar y la velocidad del software moderno, para ayudar a empresas a sacar provecho real de la IA.